El eczema (dermatitis atópica) y la psoriasis son afecciones cutáneas inflamatorias crónicas que afectan en gran medida la calidad de vida de los pacientes. Cuando las medidas básicas de cuidado de la piel, como los humectantes, son insuficientes, a menudo se requieren terapias más avanzadas. Esta discusión se centra en soluciones modernas como corticosteroides tópicos, inmunosupresores y biológicos.
Los corticosteroides tópicos reducen la inflamación y suprimen la respuesta inmunitaria en la piel al inhibir las citoquinas inflamatorias. Se utilizan para controlar los brotes en el eczema y reducir la descamación y el picor en la psoriasis. Sin embargo, el uso a largo plazo puede llevar a efectos secundarios como el adelgazamiento de la piel, por lo que se recomienda reducir gradualmente para prevenir brotes de rebote.
Los inmunosupresores tópicos, como los inhibidores de la calcineurina, inhiben la activación de las células T para reducir la inflamación. Son particularmente útiles para áreas de piel sensible en el eczema y menos comúnmente para la psoriasis. Aunque generalmente bien tolerados, llevan una advertencia de caja negra por el riesgo potencial de cáncer, aunque la evidencia es limitada.
Los biológicos apuntan a componentes inmunitarios específicos y se utilizan para la psoriasis moderada a severa y el eczema severo cuando otros tratamientos fallan. Aumentan el riesgo de infecciones debido a la supresión inmunitaria, requiriendo monitoreo regular. Se debe informar a los pacientes sobre los métodos de administración y los posibles efectos secundarios.